Crisis

Junto a mí, la eternidad vomita el olvido,
y la eternidad resulta el paladar
que se agita en el aire;
la finita campana que estrecha un grito:
Es la muerte colgando de un campanario!
Aferrada al badajo, cimbrando sus faldas
y condenándome a sus palabras
predica el evangelio de las tráqueas fatuas,
el aliento indómito de un corcel cínico
cuyas bridas se sacuden ufanas
del gargajeo de la eternidad…
la iracunda, la bilis goteando
como silencio fenecido:
¡El tremendo olvido!

El olvido se contonea junto a mí
como una puta;
su sexo está adornado por flores y espinas
como el cetro de la muerte
resuena en la senda episcopal…

y triunfante y sereno, mi esperma
dentro, se difumina en estruendo;
así se agita a mi lado el olvido,
porque de sus senos cuelga el tiempo
y de su vientre me aferro, seco y herido.

Colgamos de las mamas del cielo,
caemos exterminados
en los colmillos huecos de las serpientes
(¡Se enroscan en la garganta de la eternidad!)
y llevamos el semen de Dios en nuestras bocas…

Dios eyacula en nuestros dientes
y en cada mordida a la eternidad
brota copioso el veneno,
la toxina de las serpientes.

Dios está enfermo
y se desangra en la campiña de un asesino;
ese asesino es el olvido,
esa daga es lo eterno;

Danzamos en la tarima
purpúrea del cielo
y la lluvia nos adorna un dogal de lino y seda,
ahí santificamos la muerte
y a Dios en una copa que se llena
y bebes…

Dios está junto a mí pensando en lo eterno,
masturbándose justo en medio de nosotros.
y sus hijos muertos se crucifican en las paredes.

Dios me ha visto sobre ti
arañando tus piernas con mi carne blandida,
lamiendo las atalayas de tus senos
con mi lengua de furia,
derrumbando tu hermosa ambición
de trémula babel
y mi sonoro silencio cae como un rayo de humedad
en las torres de tu pecho,
inundando el ático con frágiles cenizas.

Dios no ha visto que he vuelto a tus costillas
y vagabundeo en las calles vacías de tu espalda;
no ha visto que sobre tu espina
la avenida de tierra se levanta con el soplo de mi disnea;

Las gentes de allí, en los umbrales
esperan sentadas,
lo que debiera ser luz se baña en tinieblas
a sus espaldas

y sobre tu espina van la luz y la oscuridad
fornicando cruentas
para aliviar tus vértebras…

Dios no ha visto
que recorro tu cuerpo
con el cartel de su esperma,
y que juego con mi carne
en el interior de tu sexo;
- Dios no ha visto sus ojos cerrados –

El juego de la muerte y la vida
es un coloquio de retórica:
sofista y filósofo debaten
sobre el ágora de tus piernas…
- Dios no sabe que somos Dios –

El temblor de nuestros cuerpos
viene diáfano sobre el reflejo de Dios.
Listos ya, después,
habríamos fragmentado el amor
y el odio espinando su cabeza,
pero decidimos invitarle a pecar.

Dios y el demonio
juegan ajedrez con nuestros huesos,
mi color es el del olvido
tuyo el de la eternidad.

Dios perdió sus torres y alfiles,
el demonio todos sus peones

Los caballos de Dios cercan una torre
y la reina,
esta dama camina y baila
a su voluntad sobre mis huesos,
se agitan sus faldas y barren mis restos

¿Cómo no creer que he caído al olvido?

Ella, eternidad de negro,
yo, olvido blancuzco, níveo…
Ay! que Dios y yo nos perdemos
en el ínfimo conocimiento
de nuestra existencia inalterada.

Dios puso en jaque tu dama,
perdiste una torre
y te sienta bien salir desnuda…

Dónde hemos jugado fieramente,
mira que la suela es una larga guadaña,
esta tortuosa cimiente donde amamos
y odiamos, tan eterna y tan olvido:
¡Sin saber que el tablero es la muerte!

El demonio y Dios han muerto,
también nosotros perecimos
y al final nuestro osario
se alza y predica:

Cómo alimentar la eternidad
con el olvido,
para el constante ciclo
del incisivo deseo
que es reciclar la necedad
entre el cielo y el infierno.



La realidad está vomitando el olvido
y el olvido repta a su garganta
para asfixiarla de nuevo.
Lo eterno es silencioso,
pero lo verdaderamente eterno
es la condena de todos los silencios.

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